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New Ham Times

"A falta de una imagen, buenas son las mil palabras."

Una sonrisa inesperada.



 Youth - Daughter



         Parecía que la luz asomaba tenue, un presagio de lo que esperaba, una metáfora translúcida entre las hojas a apartar. El olor a humedad. Las nubes grisáceas tenían más prisa que de costumbre, no era su caso. Tomó asiento, no quiso girar la llave, pues era otra puerta la que se abrió, la de su mente al contemplar algo tan sencillo como tres pequeñas almas despreocupadas pateando una esfera sobre el asfalto. Su cerebro le dijo “arranca”, y así hizo, sin embargo, su corazón.


         Así comenzó un viaje sin paradas, un periplo hacia el presente entre las calles recorridas. Desde aquellos tiempos de ilusión perdida, de miedos vanos y piedras en el camino, un pequeño niño que bien podría haberse llamado Isaac buscando su unión con el mundo, encontró la sinergia perdida por la casualidad más deliberada. Una mano tendida le enseñó a batirse en duelo con el miedo, a romper los barrotes que encerraban su razón, y a liberar esa persona pura que sólo existía encerrada entre las líneas blancas de la cancha. Supongo que únicamente fue el primer paso en su aventura por empezar a vivir, pero eso se lo tendréis que preguntar a él.


        Una mirada atrás puede ser tan necesaria como abrumadora, y en ocasiones sorprendente. La gente cambia. La gente evoluciona. Negarlo es negar el principio básico de la vida. Hoy se sienta a pensar en qué le hace pensar en el ayer. Lo tiene claro. A veces sólo necesitamos un rato con nosotros mismos para entender lo construido. Y a veces el miedo te hace construir una casa de ladrillo, pero llega un momento en el que debes matar al lobo y retomar el camino. Un amigo muy sabio le dijo: “Y no debes compartir tu camino, porque la felicidad reside en recorrer tu camino y encontrar a quien va en uno paralelo”. Quizá ahí dio otro paso en su aventura por empezar a vivir, pero eso se lo tendréis que preguntar a él.


         La verdad es que pasarán los años y nunca se dejarán de dar pasos en la aventura por empezar a vivir, quizá esa sea un poco la clave de todo. O quizá sea simplemente una sonrisa inesperada que preceda la unión de unos labios que nunca respondieron al nombre de Isaac, en un beso que no fue con el mundo.
Publicado por Anónimo el lunes, marzo 07, 2016
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Etiquetas: Alex#11, Pensamiento 0 comentarios

Ensayo sobre la atracción de dos cuerpos.


Yo iba con mi módulo lunar,
con mi pepino cósmico, a la deriva.

Y, entonces, choqué con su gravedad,
con su atracción vital, una esencia gravitatoria.

Es el planeta Incordio, 
y su atracción desborda mi luna, 

Está tan llena que amenaza al universo con explotar,
con hacerle cosquillas.

Me ata a unos labios, al yugo de un beso
que esquivo sin apartarme, que retraso por miedo, 
y por necesidad.

Aquel planeta,
rojo del calor que desprende,
de naranjas hilos de carbono,
al son de una brisa fantasma.

Aterricé por curiosidad, y su fauna y flora trató de matarme, pero le vomité de su propia medicina y caímos en una tregua, en un secreto pelirrojo peligroso, un juego prohibido.

Aquel explorador espacial, tan lejos de su hogar, tan cerca de uno nuevo, del propio fuego, tan jodidamente ardiente...

El deseo de esa piedra galáctica era aferrarse a la nuca de aquel jinete,
ser arrastrada entre luces de nebulosa
y bajar al calor que afrontó Dante,
juntos.

* * *

Aquel cuerpo celeste brillaba de pura atracción.
Su hambre,
"tú eres quien come, yo soy comido",

Le encanta que le toques, por eso te pide que no lo hagas.
Su pelo reclama, y así limpiar la porquería del mundo.
O, simplemente, que allí se aten tus manos, indefinidamente.

Es la llama viva de una hoguera, un incendio provocado, un rugido naranja. 
El latido que quema, 
unos gemidos que empañan todo cristal,
un fundido nuclear. Una sábana que espera.

El rostro del deseo, es la eterna broma,
y un cuarto invadido por el mar,

Un sentimiento reconfortante, libre y limpio,
nuevo, 
pero conocido, 
pero perfecto.

Allí, donde quieres estar, "donde solíamos gritar", 
donde todo apetece y nada es problema
mas que aguantar, 
una decisión pendiente,
unos versos incandescentes
y una mirada marrón, que sabe a madera, que coloca.

De sus bajíos puedes beber caldo, 
A su orilla atraca el placer,
allí donde descansa su sed.

Publicado por Cabeza de Turco el domingo, octubre 25, 2015
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If These Trees Could Dream

Red Forest

Inmerso en un bosque, oscuro y sombrío.

Sometido al silencio. Vida a la huida, en coma. Siquiera el viento me susurra al pasar.

Nadando en vacío, entre fantasmas, bajo un manto de brisas que no esperarán a nadie.

Veo un árbol viejo. Dentro de su soledad, luce una ligera bruma mortecina que revolotea a su alrededor. Llena de matices tristes el lugar.

Vapor resplandeciente, púrpura.

Tallado en él veo una cara. Un rostro alargado de melancolía, grotesco y envejecido por el tiempo,
por el roce de tus ventiscas.

Aparentemente hueco, pues su interior rebosa;

Canto clavado en su aliento, trémulo.
Mirada desafiante,
toda ira,
repleta de odio.

Altiva, te fija.

Retiene.

Sentencia.


Ramas invadidas de hojas de sangre,
de trovadoras que entonan una nana miserable.


Me hallo corriendo, azuzado por pura cobardía, a la altura de sus raíces,
arrastrando fardos de lágrimas.

Múltiples semblantes me persiguen. El horror se multiplica en cada tronco.

Una carcajada marchita se divierte. 
Garras de hielo se vierten sobre mi cuerpo,
me aprietan para no ser el final.

Verás.


(Pausa)

Había dos toros: bravos, negro y blanco.

El tipo iba deambulando por la misma calle, y se encontró una plaza al aire libre, abierta y sin tapujos.
Al mirar delante, se encontró un atardecer, 
tan próximo como veloz, 
tan raudo que el parpadeo le sugirió destello. 
Y llegó. Al mirar atrás, un kiosko y un par de bares empotrados en un sucio bloque de apartamentos. 
Una bufanda del Betis. (¿Y por qué no?)
Voces que no se entienden, que bordean el murmullo.

Vaya, cuando vuelve, los toros siguen toreándose, 
como dos púgiles sin cuerdas a las que encomendarse.
Ahí llega el árbitro, un pelele de peluca rizada y lanza en ristre.
Falla y le cornean. 
Una de las bestias se ensaña, 
y el blanco muerde al negro con sus pitones.

Maldita sea, la gente aúlla.

Cuando te acercas, ya no quedan ni los cuernos. Hay dos puntos pálidos de oscuridad, 
pero también gritos brutales, llantos inútiles. 

Te acercas a los dos jóvenes. 
Están clavados a lo que supones que es un burladero. Ahora, transmutado, podría ser cualquier cosa. 

Fijado el horizonte, 
no tienen destino aquellas miradas, 
no tienen brillos aquellas almas,

No tienen.

Tienen bultos que laten. 
Que se mueven, de arriba al caos, y viceversa. 
Que les están comiendo las entrañas de la carne, y revientan en mares de arañas negras, que devoran la luz y la sangre, que engullen aquel líquido bosque rojo.


(Pausa)

No-despierta de su no-descanso.

Se escabulle de aquel cubil y toma las escaleras, 
como una sombra fugitiva.
Una penumbra nueva.

Abajo.

Tuerce tras el pasillo y se enfrenta a su puerta. Ni se lo piensa, y entra a la habitación que guarda tras ella. 
Desconocida. Silencioso hurto. Intrusión.

En la cama descansa. 
Se para.

Sin prisa, se cuela tras las sábanas.
Ella sigue durmiendo.

E imagina, allí tendido, mientras contempla.
Se infiltra en sus sueños, 
breve
desordenándolo todo.

Arde.


Acerca su tacto a su piel, a la ropa que la cubre, que la envuelve, prisionera, 
y la arrastra.

Le acaricia a la altura de su caminar.

Sube, se recrea en la pausa finita. No pretende parar jamás.
Solo quiere encenderse como una cerilla, prender aquella dama bajo el calor de su fósforo, de su presencia inquisitiva.

Sigue escalando, se encuentra con sus caderas. 
La curva de la vida.

Casi se sale.

Al fin, llega.
Aprieta, bien fuerte.

Nota como cambia su postura, como empieza a perturbarse.
Como siente su calor.

Se agarra, más fuerte. Más mía.
Ella despierta del todo, se estremece. No comprende el placer que la invoca, y se sorprende, porque aquel descaro le asusta.

Su mano libre le tapa la boca, pero nunca con violencia. Ella lo nota. Ni se vierte ni se miente, todavía. Siente más.

El deseo es tan ácido y corrosivo, tan suyo.

Tanto fuego, que late.
Lucha por contenerse, 
pero la atadura que la mantenía muda cae, 
liberando sus labios al gemido de su sed. 

La noche se adentra, seduciendo aquel desvelo, jugando a ser cómplice.

La tiene totalmente atada, y ella se descubre; aprieta su cuerpo contra su nudo.


Publicado por Cabeza de Turco el martes, abril 14, 2015
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Tempus fugit

Las palabras no se las lleva el tiempo; lo marcan, tatuando sentimientos en sus largos y antiguos tentáculos. 

[Pasado]


¿Cuánto he caminado? 

Estoy tan harto. 
Siempre nos pasa lo mismo, 
¿lo ves?

¿Cuánto tiempo llevamos aquí, sentados y enfrentados, zurciendo suspiros?

Voy a alzar el Muro
para que vengáis a lamerme los ladrillos.
Se os quedarán las lenguas pegadas
y moriré envenenado.

Frío, solitario, y en paz.

Estoy cansado de guerras de guerrillas.
Tanta escaramuza me fatiga.

Creo que soy una víctima. 
¿Los mártires tejen sus propias alas?

¿Cuántos somos?

Realmente, me dueles. 

Nunca eres capaz de verme entero.

Llevas tu tiempo contando los días que nos quedan. 
Hasta el salto final. 
Un truco y a dormir. 
Una paloma más debajo de esa chistera. Quizás un conejo, 
fumando hierba. 

Estoy haciendo tiempo,
No recuerdo como seguía...

Verás,

soy un tipo de costumbres, 
no suelo joderlas en la primera cita.
Suelo esperarme un poco, a que se crean que me conocen. Entonces meto la pata de la manera más natural e innata, casi sin darme cuenta. Sí. 
No me gusta que me abracen las entrañas.

Las siento sucias.

Y a ellas, 
también.

Me voy a enterrar en la arena,
como un faraón sin tumba ni desierto.

"Mi nombre es Ozymandias,"
Drama de dramas.
Oh, mi mayor obra será hacer nada.


* * *

Cuando bajo no escatimo en daños,
me cuelo directo en el pozo,
El verdadero hogar.

Recuérdame que le cambie las cortinas.

No busco, solo anhelo.
Te recuerdo como ayer.
Me desvelo, todavía queda hiel.

"En una vida anterior 

fui un cubito de hielo. 
Lo sé porque en esta
a veces tengo frío
y a veces 
me derrito."

Todavía respiro tu corona de pecados.
Inolvidable. 
Tu antifaz de placer,
el mismo que te arruga la piel, que te ilumina la cara 
ese que te hace vibrar, que te hurga por dentro,



La escena cambia radicalmente. 


[Presente]


El mayor torpe de los idiotas. Un bruto estúpido, de los que no quedan.
Único en su especie, esencia genuina, método similar que no tiene nada en especial.

Como los monos lanzados al espacio.

Rectifica porque suele torcerse. Menudo cabezón. La ebullición de su ignorancia le provoca fácil y pronto.

Eres la S de mi Salida. Mi botón de escape. Mi necesidad.

Mi compás; el rojo que me baña por dentro. Lo que me impide esconderme.
La parte más preciosa de mi botín; un tesoro, que no un trofeo.

"Así que alégrate, lo has conseguido, los días sin ti
serían 
precipicios."

No me importa quitarme la coraza de vez en cuando si te atas después a mi piel.

* * *

"Es triste darse cuenta del valor que tiene todo cuando amenaza con romperse.
Cuando una ligera duda provoca turbulencias en las que perderse."


Publicado por Cabeza de Turco el lunes, octubre 27, 2014
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Insomnio, otra vez.

Condor And River - Her Name Is Calla


La luna nace mientras termino de desocupar la encimera. Apartando con indiferencia torpe los utensilios de todo tipo, voy notando la caída de la temperatura. Busco por el suelo, la goma de borrar. Por si encuentro el lapicero.

Con las uñas negras de afilar improvisadamente el grafito, sujeto el reverso de un panfleto publicitario, y comienzo a escribir con letra saltarina que no acierta a despegar.
Las líneas se tambalean en caída vertiginosa, como la temperatura ambiental, por la carga mental que voy depositando en cada mínima turbulencia de mi puño y letra.

Abro la ventana, para terminar de sentir el frescor que empieza a girar sobre los edificios. Y tirito rápido, pero tirito de miedo. La postura espasmódica empieza a lanzarme, del nubarrón interior al nubarrón atmosférico.

Los escalofríos me transportan a un pasillo, y lo siento. Siento algo tan complicado de sentir como lo es un pasillo.

Noto lo infinita que puede llegar a ser una recta. Lo amenazante que puede ser recorrer una y otra vez un pasillo cubierto con puertas sin salida.
Sumergido en un delirio de viaje astral, siento cómo puedo detenerme ante una entrada de callejón. Pienso en aporrear con fuerza inútil, pero entonces llego a percibir el umbral.

Cómo el hedor de las cerraduras impulsa a cada una de las rutas neurales a colapsarse. Cómo el amasijo reforzado está capacitado para separar las intenciones del movimiento. Cómo echa para atrás, encontrarse tras ese diminuto cristal. Sensación que se igualaba a la tensión del hierro que reforzaba.
Cómo el aire era el único atrevido a explorar la habitación que seguía a la puerta cerrada.

El aire pulcro se contorsionaba volviendo los enlaces de oxígeno a un estado de indefensión, infiltrándose por las impurezas de esos marcos de madera. Arrastrándose acongojado por las paredes. Guiándose, como con ceguera, por las cuatro esquinas de esa sala desolada.
Las imperceptibles brisas de grises que llegaron del exterior por el cristal de la única y elevada ventana, huyen al apagarse el dubitativo fluorescente. Vuelven al lecho de luna y libertad, cargadas de remordimiento.

Suspiran las brechas de salida, corrientes de amarga seguridad. Y las mismas corrientes suspiran, al saber que solo un vendaval las devolverá a esa cámara funeraria de tranquilidad. Fuera solo vive el temor, y el temor, a distancia y en presencia, me está quitando la vida.

En el centro de la sala, una única fuente de energía. La pieza clave del entramado. Un objeto casi sin vida, sobre un par de objetos inanimados. Y en el interior del objeto de tonos pálidos, una llama asfixiada por el humo farmacéutico. Cubierto de tela esterilizada, de la sombra de su cuerpo. Con manos agarradas fuertemente a la debilidad. De mirada cerrada.

Una figura femenina. Una melena que puedo sentir. Que hasta puedo apartarme de la cara si me molesta, pero no lo hace.

Pese a todo, yo no estoy allí. Sigo en este cuarto robado. En esta otra sala de reunión conmigo mismo. Pasando frío a disgusto personal. Resentido con el reloj que nunca llevo puesto. Escribiendo sobre mis propios trazos, derrumbándome a trozos. Enredado entre pensamientos ocres y gotas que se deslizan por mis mejillas de granito.

Vuelve la luz, que anuncia el comienzo del ciclo. Es el momento de que los cuerpos casi sin vida se pongan en movimiento.



¡Eh! Hora de la medicación. Despiértate tú, que yo no he podido dormir.


Publicado por Alack el viernes, junio 06, 2014
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Las nanas de la patata (I)

Te escribo en tubérculos que brotan,
que nacen de la tierra, de mis raíces.

Te canto a base de llantos y de plumas,
de gallitos tengo el corral lleno.

De sueños inauditos, más que ciegos
que te ven de soslayo, de terca ansia, 

de hambre, picotean mi cabeza.

De gaitas que no se cansan de soplar (al) miedo,
barrotes e indiferencia, 
celda siniestra.

Huertos secos, más bien muertos.
Difuntos, difieren, distinguen, destierros.

Te duermes sobre mi brazo dormido,
te bañas en el llanto de mis ríos, 
de sollozos está la mar calada,
De bañeras que desean

sirenas,

de ballenas que nadan
a la espalda de una nube que se arrima al suelo.


Un viento de invierno, escarlata,
Una lluvia de hielo y morralla,
Un lago de piedras castañas,

sembrando sonrisas,


Un intento por olvidar tus colores.


Un sucio dolor rematado de mañanas.
Me precipito hacia lo silvestre, hacia la espesura de un jardín
(cartas que sangran, 
  rojas rosas)
hacia la desidia de tus caricias.
Hollín cenizo que pudre pucheros
vertiendo el quejido de una mora vieja.
Espadas son tus manos derramadas
buscando algún recuerdo que se prenda.
Acechan todo sentido que te atienda
y no encuentran latido que viva, despierto,
cercado por ejércitos amarillos
por lirios engarzados a una loma añeja.
Pasión colmada de migrañas, 
de matojos, presa,
sitio,
arrasados los campos de tu aroma,

ya no queda nada cerca para mí.

Lamentos quedos, quedan al umbral,
no se atreven a cruzarlo,
se citan para encuentros fugaces.
Rocas perplejas, protestan
por tus senderos de olvido fatuo.
De arpías de fuego que ríen
melladas, baten sus olas
desesperan sobre tu alma y alzan mareas de cieno.

Las noches siempre cantan para ti,
y el alcohol cae bajo tormentas doradas.

Publicado por Cabeza de Turco el martes, mayo 06, 2014
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